Río Negro Proyecta

Queridas Mabeles,
Con Perla decidimos ver el mundo un poco más allá de horno a gas que tenemos en la casa y nos fuimos al sur, a un festivalete de cine. Cosa de locos, una experiencia inédita para nosotras, mujeres sin duda de su casa. Pero es así, no viene mal salir un poco a ver de qué color están hechas las montañas. Y así, como al burlete, me encargaron un reporte para el que me han pedido especialmente que deje de hablar de zurcidos, y le preste atención al misterioso mundo del arte. Así que ahí estuve, de aventuras en las butacas, tanto de cines como de teleféricos. Aunque me cueste dejar de lado el lado chabacano y emocional, notarán que por momentos me puse un poco seria. Pero soy una profesional, qué tanto, para algo me pagan millones para que viaje. Las invito a que lo lean, mis queridas, y las espero cuando quieran para seguir bordando en casa.
Un saludo afectuoso,
Perla



Río Negro Proyecta
un festival que se las trae
Crónicas de un festival, bajo la mirada de Perla



Las películas.
Concentro el comentario en lo que vi, que fue bastante pero está lejos de ser un panorama trescientos sesenta grados. La Competencia Nacional tuvo una selección de lujo, con una gran calidad artística, que se tornó el punto fuerte y la base del festival. La mayoría de las películas fueron de muy interesantes para arriba, esto se sintió en las butacas y se dijo en los pasillos, cuestión que nos importa mucho para la continuidad del festival. Así que ahí estuvimos, sonriendo y diciéndolo también nosotros por todos lados. Nos amparaban los hechos, era completamente cierto. Películas en construcción, semillas gordas, sustanciosas y de gran potencia en su mayoría. Un gusto ver las cosas en la mitad del camino, sobre todo cuando son buenas. Si bien mi corazoncito estaba con Prividera, proyecto con el cual colaboro, la repartija final también fue justa (lo habría sido en muchos casos) y nos alegró a todos que Marquito Berger se fuera con un cheque tamaño baño (en el sentido más concreto, un cheque en papel afiche que tuvo que enrollar para que le entrara en el bolso) a su casa.

Des-ventura.
La presencia en la apertura de Luis Ventura nos descolocó a todos y al final -entregándonos un poco al universal "es lo que hay"- terminó por divertirnos, sólo para no angustiarnos con la vergüenza ajena de una propuesta seguramente originaria de las autoridades culturales de la provincia. Luis nos dijo que el cine le interesaba mucho, mucho, mucho. Tanto que lo buscamos para invitarlo a ver la de
Campusano, queríamos su opinión y un comentario, pero recién lo encontramos cuando al día siguiente lo vimos en la pantalla chica de la caja boba cerca del lugar en donde se sacaban las entradas. Se había vuelto esa misma noche, vino sólo a poner su caripela y a tomarse un chocolate en Rapa Niu, porque tenía el descuento que le habían hecho los de Garbarino por su última campaña. Una lástima, tuvimos la sospecha de que la de Campusano lo habría partido en cuatro.

En la ceremonia final hubo un
clima muy bueno y distendido, Roger Coza nos emociona mucho cuando habla, Perla Negra directamente lo quiere de marido. Los chistes estuvieron a la orden del día con comentarios que salían de las plateas alborotadas, había marea alta esa mañana. Se aportaban pavadas a rolete, y se podían escuchar las voces de Solnicki -un cosaco para la foto-, Listorti -líder en materia de jolgorio y alboroto-, Prividera -siempre aparentemente serio pero en el fondo con su corazoncito de chocolate- entre otras luminarias que calentaban los asientos con sus potentes e intelectuales culetes. Todos estábamos ahí, celebrando la culminación de cinco días de fiesta en la que hubo no sólo muy buen cine, sino cerros, nieve, memorias de Grisú y de cuando teníamos dieciocho años, secretos de hotel para ser contados a vivas voces. He aquí otros componentes del relato.

Se te ve el Otto.
Con esa frase Marco Berger sintetizó la excursión de la que acabábamos de volver al mediodía del jueves. Fuimos en teleférico con Mariano Goldrob, Nico Prividera, Anahí Berneri, Madame Didiér y Perla Negra hasta la punta del Otto y allí giramos, giramos, giramos en la calesita que tiene por confitería. Algunos se marearon, otros equipararon la sensación a un viaje en barco. Yo estaba chocha mirando como nos convertíamos por un rato en el centro del mundo mientras la montañas se movían alrededor nuestro como si fuéramos el eje de todo, en un decorado preparado a la carta para el narcisista básico. Tomamos chocolate caliente, pedimos la cuenta y luego de un último paseíto en el que insólitamente y desde las alturas vimos hasta el culo del David de Miguel Ángel, bajamos. Mención aparte merece la caída de Prividera sobre la nieve. Perla Negra registró el evento paso a paso y seguramente lo habrá colgado ya en su facebook. Pasen y vean, allí podrán encontrarla.

El Mazzola.
Si bien al amigo se lo notaba ocupado y preocupado, en lo personal debo decir que debajo de su malhumor circunstancial, adivino y supongo un crecimiento que no podría obtenerse de otra manera que no sea con una experiencia como ésta, quemante y exigente, de permanentes incendios y apagados. Mucho desgaste al pedo, como diría él, y es cierto, pero también algo que le dio mucha, mucha calle. Aplausos para el Mazzola. Creo que él también tiene una sensación de balance positivo. Pareciera haber tela y telón para rato, por lo menos en materia artística y de curaduría. Esperemos que la política que atraviesa estos eventos no lo aniquile y que tenga ganas de seguir al frente. Tanto su mano como la de Roger fueron indispensable a la hora de la calidad, en todo sentido, eso lo sabemos todos. Como amigos nos pone orgullosos de arriba a abajo.

Dos Perlas Sueltas.
Con Mabel estábamos hechas dos pelotudas auténticas, de pura cepa y "no tan perdidas" al decir de Eva, al contrario de lo que habría apostado cualquier tarambana que nos hubiera visto por ahí. Porque las tarambanas parecíamos nosotras, lanzando pavadas a troche y moche, pelotudeces de alta gama, todo el día irrefrenables. Nos despertábamos en cien y nos dormíamos en ciento veinte, no había manera de bajar los decibeles. Nos pintamos las uñas en la ribera del lago, nos pasábamos de largo chusmeando intimidades irreproducibles en las calles, Perla Negra tenía provisiones en su bolso de lo que se necesitara: galletitas, alicate, crema para manos, exfoliante para la cara, y hasta acido ribonucleico por si surgía la necesidad para alguien. Quién les dice si me inspiro y encuentro el momento hago el correlato paralelo de las Aventuras en el Sur de dos Perlas, joyitas de alta montaña.

Por último.
Si me agarra la Picardía -compañera permanente de este viaje- voy a entrar a esas páginas de cine que hacen ruido, para hacer yo también un poco de cascabeleo en comentario entusiasta y sincero, así sumo una voz más a las positivas que ya hay reafirmando la existencia de este aparente festivalito que -en realidad- tuvo mucho de festivalazo.
Porque lo cierto es que tenía una estructura grande y pretenciosa, aspiracional, y -aún con los inconvenientes que se podían adivinar en el transcurso, en la gota gorda que se les veía sudar a los organizadores- todo estuvo a la altura de las circunstancias. Competencias nacional y regional, cortos, películas en construcción, actividades especiales, retrospectivas, breve y orientador panorama de cine actual internacional... cualquiera diría que es algo grande. Y tendría razón.


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